De mano con Castillejo

El proyecto del Villarreal parecía y es de los más preparados para que cualquier modificación o nueva incorporación lo hiciese con naturalidad. La estructura tenía identidad, el club se conoce a sí mismo como pocos y en plantilla ya había calidad para mantener el nivel. Lo que llegara sería para sumar, pero el inicio ha sido algo confuso. Las bajas en defensa, la conocida de Bruno Soriano y la falta de control, fuese desde el balón o desde el robo, puso algo nerviosos a los futbolistas. Así lo manifestó Trigueros, también el propio Escribá. El fútbol es inmediato y las dudas no esperan.
Para ello parece haber sido importante recuperar la Europa League. Poder competir tres días después puede tomarse como una oportunidad temprana de olvidar lo que no funciona, arrancar con victoria ante equipos de menor calidad y experiencia y poder solucionar lo que había sucedido tanto en el Ciutat de Valencia como en Anoeta. Ante Astana, el Villarreal comenzó a tocar otras teclas.
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En esas primeras jornadas, Escribá no escondió que su equipo había hecho dos partidos de Liga muy malos. Reconocido su submarino por saber acelerar y también silenciar a su oponente con aparente calma, el Villarreal del principio andaba desdibujado. Lo más problemático a nivel de discurso estaba en su mediocampo. Si bien la defensa andaba cogida con pinzas, con un Semedo-Ndiaye ante la Real Sociedad con evidentes problemas de coordinación y liderazgo, suministrar juego y aportar equilibrio sin Bruno, no es sencillo. Ahí entró Rodri y se esperaba a Fornals, cuyo arranque está siendo algo complicado. El castellonense, necesitado de espacio para moverse de manera vertical, está llamado a ser una figura que de movilidad partiendo de un costado. El reto demanda tiempo, pero el jugador no es, ni mucho menos, el problema.

También arriba la misión era interesante de contemplar. Su principal refuerzo, Carlos Bacca, de movimientos calibradísimos pero de potencia más reducida, debía repartirse tareas con el velocísimo Bakambú. El colombiano brilló en Nervión como único ‘9’ pero en Villarreal se estila una doble punta que tuvo a Soldado como armador del ataque, si se quiere fundamental apoyo para crear superioridades y líneas de pases para Bruno y Trigueros. Y Bacca no es exactamente eso. Para responder a esa pregunta, sobre cómo se gestionaría ese enlace, llegó Samuel Castillejo.
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El extremo malagueño, ya asentado en la plantilla, al igual que otros jugadores como Ángel Correa o Iker Muniain, está descubriéndose a sí mismo. Conocido su potencial, concretarlo en fútbol, hacerlo evolucionar también es una cuestión de momentos, seguramente personales. Y Castillejo parece preparado para coger la manija del equipo, no sólo desequilibrando sino mostrando continuidad una vez el desborde se ha generado. Samu integró parte del juego que aún le falta por conocer al submarino, el que conformarán Bacca y Bakambú con más partidos y cuando Bruno Soriano vaya entrando en el once. Ayer, frente al Espanyol, y en general en los últimos partidos, fue el motor de Escribá.